Deja que cuchicheen las abuelas que guardan portales con sillas de mimbre, y que critiquen en corrillo nuestra historia sin argumento. Que se ruboricen los chiquillos que apalean balones en los parques al vernos pasar, pavoneándonos con nuestros muerdos en cada traspié.
Que etiqueten como se les antoje lo que tú y yo tan solo nos dedicamos a vivir durante cada segundo de lo vivido, sin importar que en la próxima esquina se desmadeje el entramado de nuestros dedos y cada uno continúe su camino.
No quiero la exclusividad de tus besos, si los que enredamos son tan sinceros como nuestras vidas; tú la tuya, yo la mía y nosotros la nuestra, que no quiero ser yo quien secuestra a una niña y la priva de la libertad de hacer lo que esté a su merced.
No quiero ser tu príncipe Azul, tan solo el caballero que te mira con deseo y al que invitas a tu alcoba para que las sabanas se calienten antes de que salga el sol. Quien navegue entre tu cuerpo mientras yo estoy de batalla, es cosa vuestra y solo tuya, que ni razones ni explicaciones caben en esta historia.
Que los poemas se los queden los poetas, porque nuestras palabras van cargadas de la realidad que los que aman no quieren ver, que los besos duran lo que aguantan las bocas; las caricias estremecen al principio pero luego escuece la rugosidad de tocar sin cariño; que las palabras mas bellas se desvanecen en el mismo instante en el que se exhalan; y que, al final, solo quedan los recuerdos de un amor que se perdió, y que duele recordar porque es mas lo que quitó de lo que dio.
Yo solo quiero la pasión del instante que duren los besos; los escalofríos que las caricias marquen en un segundo; los amaneceres que nos indiquen que uno ha de marcharse; que solo hablemos si nos apetece, que solo nos besemos si nos incomoda el silencio y que las palabras de cortejo sobren para que se entiendan los cuerpos.
Bagatelas
Hace 7 años